Ataques de perros en Córdoba: advierten que la educación es clave para prevenir tragedias
La provincia de Córdoba volvió a quedar conmocionada por un nuevo ataque mortal de un perro ocurrido en un ámbito doméstico. El episodio reabrió el debate sobre la convivencia entre animales y personas y, especialmente, sobre las responsabilidades que implica tener determinadas mascotas en un hogar.
En diálogo con Córdoba Federal, la médica veterinaria Natalia Elstner sostuvo que el abordaje de estas situaciones no debe centrarse únicamente en las características de una determinada raza, sino en la educación, la prevención y la capacidad de cada persona para asumir la responsabilidad de tener un animal.
La especialista recordó que la ciudad de Córdoba cuenta desde hace algunos años con legislación vinculada a los perros considerados potencialmente peligrosos, aunque advirtió que el principal problema continúa siendo la falta de controles y de una política pública integral.
“Creemos que hay que castrar, pero la principal política pública es la educación. Estigmatizar una raza no es el camino; el problema es que no cualquier persona está capacitada para tener cualquier perro”, señaló Elstner.
Instinto, territorio y comportamiento
La veterinaria explicó que los perros no actúan desde la malicia ni con el mismo razonamiento que una persona, sino que responden a determinados estímulos e instintos. En ese sentido, factores como el aislamiento, el hacinamiento, el encierro permanente o mantener a un animal atado pueden modificar considerablemente su conducta.
Uno de los aspectos señalados por Elstner fue el denominado instinto de presa. Según explicó, determinados movimientos pueden activar respuestas instintivas en el animal y, en determinadas circunstancias, un niño que corre puede desencadenar una conducta de persecución.
Otro punto de preocupación es la humanización de las mascotas. La especialista advirtió que algunas conductas que los propietarios interpretan como “graciosas” o propias de la personalidad del animal pueden representar, en realidad, señales de territorialidad o dominancia que requieren atención.
Por ejemplo, un perro que gruñe cuando alguien se acerca al lugar donde duerme no debería ser interpretado simplemente como una reacción afectiva, sino como una conducta que necesita ser comprendida y corregida de manera adecuada.
La importancia de los primeros meses
Elstner también remarcó que la prevención comienza desde los primeros días de vida del animal. En ese sentido, recomendó no separar a los cachorros de su madre antes de los 60 días, ya que durante ese período se produce una parte fundamental del aprendizaje relacionado con la sociabilización y el control de la mordida.
Entre los dos y los cuatro meses, además, resulta especialmente importante la sociabilización temprana: exponer progresivamente al cachorro a diferentes personas, animales, sonidos y situaciones, siempre de manera controlada.
A esto debe sumarse el establecimiento de límites claros dentro del hogar. La convivencia requiere que el animal tenga pautas definidas y que los responsables puedan reconocer y actuar frente a comportamientos que puedan representar un riesgo.
Castración, educación y tenencia responsable
Para la veterinaria, las campañas de castración constituyen una herramienta necesaria, pero no alcanzan por sí solas para abordar el problema. El desafío, sostuvo, requiere combinar esas políticas con educación, controles y formación de los responsables de los animales.
En este sentido, planteó la necesidad de avanzar en un esquema que contemple una mayor responsabilidad por parte de quienes deciden incorporar una mascota a su hogar, especialmente cuando se trata de animales que por sus características, tamaño, fuerza o comportamiento requieren conocimientos específicos.
Elstner llamó finalmente a profundizar el debate desde una perspectiva de salud pública y prevención. El objetivo, señaló, no debería ser estigmatizar razas, sino generar herramientas para que las personas conozcan las necesidades y características de los animales que tienen a su cargo y puedan garantizar una convivencia segura.
La especialista insistió en que prevenir nuevos episodios requiere un compromiso conjunto entre familias, profesionales y Estado, con políticas sostenidas de educación, tenencia responsable y control.
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