Proyectan un escenario recesivo y advierten por el impacto de la pérdida de empleo
El economista José Simonella analizó en Córdoba Federal el escenario económico argentino luego de conocerse el dato de inflación de julio, que alcanzó el 2,1%. En ese marco, sostuvo que el índice de precios enfrenta dificultades para perforar el 1,9% y advirtió que la medición oficial podría estar subestimando el impacto de los servicios sobre el costo de vida.
Según explicó, el actual Índice de Precios al Consumidor utiliza una canasta de consumo basada en información de 2004, que no refleja adecuadamente la composición actual del gasto de los hogares. Simonella señaló que, tomando como referencia una estructura más moderna, como la utilizada en la Ciudad de Buenos Aires, la inflación sería sensiblemente mayor debido al fuerte incremento de los servicios.
Mientras los servicios registraron aumentos superiores a los bienes, algunos productos incluso mostraron bajas. El economista mencionó, entre otros ejemplos, la caída del 1,3% en indumentaria, aunque remarcó que este comportamiento no necesariamente representa una mejora para los consumidores, sino que puede ser consecuencia de una fuerte retracción de la demanda.
Consumo debilitado y familias sobreendeudadas
Simonella sostuvo que la pérdida de poder adquisitivo llevó a numerosas familias a recurrir al crédito como mecanismo para sostener el consumo. Durante el segundo semestre de 2024 y la primera mitad de 2025, el financiamiento se convirtió en una herramienta de auxilio para afrontar gastos cotidianos.
Sin embargo, esa posibilidad comenzó a agotarse cuando los hogares perdieron capacidad de pago. El resultado fue un fuerte incremento de la morosidad, particularmente en plataformas de crédito rápido y billeteras virtuales.
A esto se sumó, según el economista, un escenario de tasas reales elevadas que redujo todavía más el margen de las familias para continuar financiando sus gastos. Con el crédito prácticamente agotado como recurso, el menor consumo comenzó a trasladarse directamente a las ventas y al nivel de actividad.
Agro, energía y minería frente a la crisis industrial
Al analizar el comportamiento de los distintos sectores, Simonella diferenció entre las actividades que actualmente muestran dinamismo y aquellas que enfrentan mayores dificultades.
Entre los sectores con mejores perspectivas ubicó al agro, favorecido por una buena cosecha; la energía, impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta; la minería y determinados servicios tecnológicos y financieros.
En contraposición, señaló que la industria manufacturera y metalmecánica, el comercio minorista y la construcción atraviesan una situación más compleja. En el caso de Córdoba, destacó que la obra pública provincial permitió amortiguar parcialmente el impacto sobre la construcción frente al fuerte freno de la obra pública nacional.
Para Simonella, el principal problema es que los sectores vinculados a la extracción de recursos y las actividades primarias requieren largos períodos de maduración. Muchos de los resultados esperados de esas inversiones tienen horizontes que llegan hasta 2030.
En cambio, las pequeñas y medianas empresas, la industria y el comercio cumplen un papel central en la generación de empleo en el corto plazo. Por eso, advirtió que una transición económica que no contemple esa diferencia puede profundizar el desempleo y la caída de la actividad.
Apertura de importaciones y reconversión productiva
Respecto de la apertura comercial, Simonella reconoció que Argentina arrastraba distorsiones derivadas de un esquema de protección excesiva. Sin embargo, planteó que la corrección de esos desequilibrios debe realizarse de manera gradual y acompañada por políticas de reconversión.
El economista advirtió que una apertura acelerada puede poner en riesgo a numerosas pymes y sectores industriales que necesitan tiempo para modernizarse, mejorar su productividad y adaptarse a las nuevas condiciones de competencia.
En ese sentido, sostuvo que el Estado debe mantener un rol activo en áreas estratégicas como la infraestructura vial y la regulación laboral, además de brindar previsibilidad a las empresas para que puedan planificar sus inversiones.
Simonella consideró que el desafío central consiste en administrar la transición sin trasladar todo el costo del proceso a los trabajadores y a las economías del interior.
La advertencia se produce en un contexto en el que la inflación continúa mostrando resistencia a la baja, el consumo permanece debilitado y sectores con alta capacidad de generación de empleo enfrentan dificultades para recuperar su nivel de actividad. Para el economista, el rumbo de los próximos años dependerá no sólo de la estabilización de las variables macroeconómicas, sino también de cómo se gestione el impacto social y laboral de esa transformación.
90 Radio
No hay resultados para mostrar.
Todos los derechos reservados.
v2.26.0



